Cuando un ser vivo se ve cara a cara con la muerte, surge en él una fuerza especial. Un animal acorralado, una madre que protege a su hijo, un guerrero que sigue luchando contra todo pronóstico: todos pueden echar mano de una última reserva de fuerza vital capaz de repeler la amenaza mortal.
Ahí es donde nos encontramos hoy el 99% de la humanidad: el sistema globalista y psicopático aprieta cada vez más su garra totalitaria en torno a nuestra garganta, con un brillo triunfal y siniestro en sus ojos sin alma, saboreando nuestra inminente desaparición.
Así que, colectivamente, tenemos que responder con un gran estallido de vida capaz de apartar de un golpe a este asesino que nos ataca.
No es algo que necesitemos pensar, planear ni justificar.
Solo hace falta rendirnos a esa sensación visceral que ya sabe que las cosas van muy mal en este mundo, que todo el dinero y todo el poder están en manos codiciosas de los peores especímenes de nuestra especie.
Tenemos que gritarles a la cara, desobedecer sus órdenes, derribar sus barreras, destrozar sus máquinas, retorcernos y escurrirnos para escapar de su control, romper sus tabúes y reírnos a carcajadas de sus amonestaciones y amenazas.
Ya hemos superado el punto de plantearnos las posibles consecuencias de nuestros actos, porque nada podría ser peor que el destino que estos demonios nos tienen reservado.
Tenemos que apartar el lado “civilizado” y condicionado de nuestra mente y dejar que algo mucho más antiguo y salvaje tome las riendas.
Que el corazón ocupe ahora el lugar del cerebro, que el alma ocupe el lugar del intelecto.
Esta reacción visceral y primaria solo puede brotar de cada individuo, aunque su fuente última sea, por supuesto, el gran Todo orgánico al que todos pertenecemos.
Tomará una forma distinta en cada uno de nosotros, según quiénes seamos exactamente y de qué seamos capaces cuando de verdad haga falta.
Pero el resultado será colectivo: un escalofrío de energía visceral y desafiante recorriendo los cuerpos de miles de millones de seres humanos, un espasmo de revuelta masiva a una escala nunca imaginada.
Si piensas que esto jamás va a suceder, tienes que apartar ese pensamiento, y todos los pensamientos, y dejarte arrastrar sin más por las aguas regeneradoras de la libertad.
Alzándonos contra el estado de vigilancia
Mientras la mafia global acelera su intento de condenarnos a todos a la esclavitud digital, hay señales alentadoras de resistencia.
Esto es particularmente cierto en Estados Unidos, donde los ciudadanos están tomando cartas en el asunto y destruyendo o inutilizando cámaras de vigilancia.
Buena parte de la atención se ha centrado en las cámaras Flock, aunque los activistas recuerdan que el problema no es una marca en concreto, sino todo un sistema, y otras marcas de cámaras son igual de nocivas. No solo graban las matrículas de los coches, sino que también captan información de los teléfonos, lo que permite un sistema de seguimiento en tiempo real impulsado por inteligencia artificial.
Un usuario de X escribió: “Los estadounidenses de a pie están ahí fuera tumbando cámaras Flock a diestro y siniestro. Las autoridades están perdiendo el control, porque cada vez más gente ve esta tecnología por lo que es, vigilancia masiva pura y dura sobre los ciudadanos, y directamente inconstitucional.
Se está convirtiendo en toda una tendencia. La gente usa herramientas a batería para tumbar los postes con rapidez, porque son ligeras, silenciosas y hacen el trabajo en un momento. Hay que acabar con esta locura de la vigilancia masiva. En todas partes”.
Otro usuario señalaba que “el rechazo popular a las cámaras crece en todo el país”, ya que a la policía le está costando detener a los autores por la reticencia generalizada a colaborar con sus investigaciones.
Con noticias que llegan de todos los rincones del país, los amantes de la libertad están promoviendo el Halloween de 2026 (31 de octubre) como “De-Flock America Night”, una velada en la que las calles se llenarán de gente con máscaras, pero no de las “sanitarias”.
Los centros de datos también se están convirtiendo en detonante del malestar social, al devorar agua y electricidad para alimentar la matriz de control de la que las cámaras forman parte.
En julio, unos manifestantes interrumpieron un discurso de Donald Trump, y con la indignación creciendo como es lógico, se espera que haya más episodios similares.
Hasta los propios ingenieros de Amazon se han sumado a la rebelión, tomando el escenario en un evento corporativo para protestar por la implicación de la empresa en el Proyecto Nimbus, que ayuda a Israel a usar inteligencia artificial en su genocidio en curso.
En otras noticias de protestas, los vecinos de Venecia salieron en masa a rechazar la llegada, a bordo de su superyate, del multimillonario Tilman J. Fertitta, embajador de Estados Unidos en Italia, y en India están quemando antenas de 5G.
¡Podemos conseguirlo!
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Traducido por Counterpropaganda





