Abriremos escuelas en los bosques y bibliotecas en los prados. Veremos juntos el amanecer y el atardecer tomados de la mano. Respiraremos libres el aire de la cima, puro y cortante. Leeremos libros e inventaremos cuentos. Haremos corros cantando al viento.
Nunca domaréis nuestro espíritu, nunca encerraréis nuestra libertad. Porque nosotros tenemos algo que vosotros no tenéis, y nunca tendréis. Nosotros aún sabemos maravillarnos ante la belleza desgarradora de la vida.
Sabemos caminar despacio, para no hacer ruido. Permanecer quietos, para no molestar. Construir con las manos hundidas en la tierra y los ojos vueltos hacia el cielo. Nuestro único dios es el asombro. Sabemos encontrar el infinito reflejado en un charco.
Somos hijos de la luz, hermanos de los animales, pequeñas luces en la noche. Nunca nos tendréis. Nos escabulliremos de vuestras manos, como muchos pececillos rebeldes. Vosotros no tenéis ni idea, porque no tenéis imaginación.
Nosotros sabemos encender la mirada de otra criatura, llevar amor donde solo había abandono, y alegría donde solo había tristeza, y unión donde solo había vacío y separación. Vosotros no tenéis ni idea.
Y, sin embargo, os digo: las nubes juegan también para vosotros en el cielo. Y el agua se precipita por rápidos y cascadas, también para vosotros. Para vosotros es también el vuelo loco de los pájaros y el zumbido extático de las abejas.
Intentad hacer una cosa, ¿queréis? Intentad observar a un pajarillo mientras fabrica su nido: la paciencia, el esfuerzo, el sufrimiento, la perfección. Miradlo todo, de principio a fin, y luego decidme: ¿vosotros sabríais hacerlo? ¿Sabríais construir una semejante maravilla de ingeniería donde antes no había nada?
¿Qué derecho tenéis, entonces, sobre la vida? Vosotros no tenéis ni idea. Tenéis que volver a edificar castillos de arena en la orilla del mar e intentar defenderlos cavando fosos; solo entonces podréis volver a hacer leyes y a gobernar a los hombres.
Habéis tenido maestros equivocados: el dinero, el poder, la fama. Los únicos maestros que pueden enseñaros algo son los niños y los animales. Id a la escuela con ellos, y aprenderéis todo lo que hay que saber.
Os deseo lo mismo que deseo a todos los que se han separado de la tierra, que la han renegado: os deseo volver a sentir, antes que a entender. Sentir con todo vuestro cuerpo, sin necesidad de ningún pensamiento, de ninguna razón. Respirar y sentir. Simplemente, sentir.
La violencia ciega y obtusa que demostráis me sobrecoge, pero no me aterroriza; es parte del misterio, del encanto, de la belleza que me contiene y me sobrepasa.
Enterré a una pequeña ardilla hace pocos días en el bosque, y después también a un pequeño topo; los deposité en la hierba, a la sombra. ¿Vosotros habéis enterrado alguna vez a un animalito en el bosque? Hacedlo y luego, solo después de haberlo hecho, volved a gobernar a los hombres.
De lo contrario, nunca tendréis idea de lo que es la vida, de cuánto es sagrada e inviolable y absoluta. Y nunca tendréis idea del poder inmenso que reside en las manos de quien ama y honra esa vida.
Nunca nos tendréis. Podéis vejarnos, humillarnos, despojarnos. Nosotros estaremos siempre en otro lugar distinto de donde pensáis encontrarnos.
Abriremos escuelas en los bosques y bibliotecas en los prados. Sobreviviremos como tantas semillas invisibles bajo la nieve, y cuando nos hayáis olvidado, floreceremos, y nuestra primavera repentina será el fin de vuestro interminable invierno.
Vosotros no tenéis ni idea.
Fuente:
https://www.facebook.com/pietro.deangelis40/posts/10158432113476546
Traducido por Counterpropaganda